El héroe de la aviación tucumana, el teniente Benjamín Matienzo (1891-1919), perdió la vida el 28 de mayo de 1919 en el intento de cruzar la Cordillera de los Andes desde Mendoza. Obligado a aterrizar su avión Nieuport en medio de una tormenta, empezó a caminar y falleció helado cuando se intentó guarecer detrás de una roca, a 20 kilómetros del aparato. Su cuerpo, que había sido atacado por los cóndores, fue hallado el 18 de noviembre por una comisión de policías y civiles y fueron traídos a Tucumán en tren desde Mendoza el 24 de noviembre. Se los veló el 25 en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno y, por la tarde, una imponente multitud, que encabezaba el gobernador Juan Bautista Bascary, los llevó al cementerio del Oeste.
En mayo de 1922 el subcomisario Joaquín Pujadas Lemos, quien halló el cuerpo, vino a presentar sus respetos al extinto. Le dijo a LA GACETA que el día de la tragedia vieron pasar el avión desde el destacamento en Las Cuevas y creyeron que Matienzo había llegado a destino. Después, por la tormenta, el rescate fue imposible: la nieve cerca de Las Cuevas alcanzaba un metro de altura. Ocho meses después, se lo halló en la zona del Valle del Cajón de las Cuevas. Dos compañeros de Matienzo, Pedro Zanni y Antonio Parodi, habían intentado también ese día hacer el cruce con sus aviones, pero habían desistido. Eran naves muy precarias, que alcanzaban 60 km/h y los vientos en la cordillera eran de 120 km/h.
“Bien sabía Matienzo que su máquina tenía limitaciones pero los maliciosos de ambos lados de la cordillera se ensañaban vituperando de modo mordaz a los tres y él me dijo: ‘es cierto que las máquinas no nos responden pero he de hacer lo que pueda a fin de desengañar al canalla, al tiempo que mostraba un diario de Mendoza en el cual se mofaban”, dijo Pujadas Lemos.
La crónica de LA GACETA del hallazgo de los restos cuenta que “vestía uniforme militar de campaña. Sobre la blusa llevaba una tricota blanca de lana. Tenía, además, un traje de mecánico, de brin, calzando un par de botas de charol, de reglamento, cañas blandas” rasgadas por la caminata. El pantalón estaba desgarrado en la rodilla izquierda. Se veía “prendida al lado derecho de la chaquetilla la insignia de aviador militar, y en el cuello de la misma la divisa del 5° de ingenieros (de Tucumán), al que pertenecía”. A unos pasos estaban el casco, un pasamontañas, guantes y un cuello. El cadáver tenía en el dedo un anillo de oro con las iniciales B.M. sobre esmalte rojo. En un bolsillo tenía un revólver con dos cápsulas vacías y un barómetro. En la billetera se encontró dinero, un billete de lotería y un pequeño recorte, al parecer de un diario chileno, con una dura ironía referida a la competencia por el cruce. Bajo el título “Aparatosos”, hacía alusión a que ante el fracaso anterior de los aviadores chilenos de cruzar la cordillera, los argentinos (Zanni, Parodi y Matienzo) habían dicho que era cuestión de aparato. “Hoy intentan la prueba los tres primeros aviadores argentinos, con aparatos de grande potencia. Realmente, la cuestión es de aparato. ¡Pero qué aparato!”
Recuerdos fotográficos: 1919. La tragedia del intrépido Benjamín MatienzoLa imagen central muestra el hallazgo de los restos del aviador y la segunda, el avión (Museo Nacional de la Aeronáutica).
Más información: “Relato del hombre que encontró el cuerpo de Matienzo”, (LA GACETA, 01/05/2022) y las nota de Carlos Páez de la Torre (h) “Trágico fin de Matienzo, hace 100 años” (03/11/2019) y “El cadáver de Matienzo” (27/02/2012)